Conmemorar un aniversario más del natalicio de Felipe Santiago Carrillo Puerto, quien vio la primera luz en su natal Motul el 8 de noviembre de 1874, no constituye únicamente un ejercicio de memoria cívica para el Estado de Yucatán; representa, para la Gran Logia Unida "La Oriental Peninsular" de Antiguos, Libres y Aceptados Masones del Gran Oriente de Yucatán, un acto de solemne reconocimiento hacia uno de los hijos más preclaros de nuestra Augusta Institución y de nuestra tierra.
A 152 años de su nacimiento, la figura del llamado "Apóstol de la Raza de Bronce" y "Dragón de los Ojos Verdes" se erige en el horizonte histórico no solo como el reformador social que sacudió los cimientos de la opresión en el sureste mexicano, sino como el francmasón que supo trasladar el trabajo de las columnas del templo hacia el gran taller de la vida pública, haciendo de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad el eje rector de su existencia y de su sacrificio.
I. El despertar de la conciencia: De la piedra bruta al ideal emancipador
Nacido en el seno de una familia numerosa encabezada por don Justino Carrillo y doña Adela Puerto, el joven Felipe forjó su carácter en el contacto directo con el dolor y la marginación del pueblo maya. Desde su temprana juventud, habiendo aprendido la lengua maya con fluidez excepcional, comprendió que la opresión ejercida por la llamada "Casta Divina" —aquella oligarquía henequenera que mantenía a los peones acasillados en condiciones de servidumbre y esclavitud de facto— era una afrenta directa a la dignidad humana.
Autodidacta incansable, leñador, transportista, ferrocarrilero y periodista combativo desde las páginas de El Heraldo de Motul, Carrillo Puerto demostró desde sus dieciocho años que ninguna prisión ni persecución porfirista quebrantaría su temple. Su tránsito por las filas del antirreeleccionismo maderista y su posterior incorporación a la revolución suriana junto al general Emiliano Zapata en Morelos —donde fungió como coronel de caballería e integrante de la Comisión Agraria de Cuautla— terminaron por pulir su visión social.
A su retorno a Yucatán en 1915, sumándose a las reformas impulsadas por el general Salvador Alvarado, Felipe Carrillo Puerto ya no era únicamente un líder carismático: era un constructor social dispuesto a organizar al proletariado peninsular a través del Partido Socialista del Sureste y las históricas Ligas de Resistencia.